Un recorrido por textos y calles nos conduce, necesariamente, a reinventarnos, a re-escribirnos, a pertenecer al conjunto y redefinirnos, accionando entre los unos y los otros.







lunes, 8 de noviembre de 2010

SUJETO EXCÉNTRICO



      La crítica italiana destaca el esfuerzo de la misma teoría feminista en reconocerse y desarrollarse a partir de la paradoja “mujer”, pero propone la teoría de los sujetos excéntricos, basada en la “hipótesis de un autodesplazamiento al mismo tiempo social y subjetivo, externo e interno, político y personal”. En relación a este autodesplazamiento que da origen a la teoría de los sujetos excéntricos, Lauretis analiza otras categorías que a su criterio deben ser reconceptualizadas y que de por sí se encuentran totalmente relacionadas con el punto central de la excentricidad: la rearticulación del sujeto, móvil o múltiple; las formas de opresión y modalidades de conocimiento formal; el concepto de marginalidad como posición política y de identidad como des-identificación.
      Plantear la teoría feminista a partir de la existencia de sujetos excéntricos permite a Lauretis hablar de una conciencia que pone en el centro de la discusión un sujeto que ya no es ni unitario, ni estable, sino por el contrario

 “un sujeto que ocupa posiciones múltiples, distribuidas a lo largo de varios ejes de diferencia, y atravesado por discursos y prácticas que pueden ser –y a menudo lo son- recíprocamente contradictorios …  y [que] tiene la capacidad de obrar, de moverse y dislocarse de forma autodeterminada, de tomar conciencia política y responsabilidad social, incluso en su contradicción y no coherencia” (Lauretis, 2000, pág. 137).

      El sujeto, planteado en estos términos, experimenta un desplazamiento, una transformación que implica dejar el lugar seguro para ocupar la periferia, un otro lugar desconocido y que acarrea consecuentemente nuevas formas de mirar y de pensar excéntricas, respecto de un centro que siempre es el dominio de los aparatos socioculturales que determinan la identidad.
      La posición hegemónica de los discursos heterosexuales –que dan por ejemplo por sentado la cuestión de género como marca indiscutible de identidad- se organizan a partir de un “contrato heterosexual” que avala tanto los aparatos ideológicos como las instituciones socioeconómicas como instrumentos de opresión. El sujeto que se posiciona fuera de ese lugar y cuestiona tanto  las instituciones como los discursos hegemónicos y se enfrenta, además al orden establecido desconociendo aquel contrato heterosexual, es un sujeto que necesariamente asume un punto de vista excéntrico, “es un sujeto excéntrico al campo social, constituido en un proceso de interpretación y de lucha, de reescritura de sí en relación a otra forma de entender lo social, la historia, la cultura” (Lauretis, 2000, pág. 145).
      De los trece cuentos que componen Lazos de familia, publicado el 27 de julio de 1960  por la editorial  Francisco Alves en Río de Janeiro, y parte del corpus del presente trabajo, siete tienen como protagonistas a mujeres. En algunos casos el personaje es una mujer con nombre: Ana es la protagonista de “Amor”; Laura, de “Imitación de la rosa”; Zilda y la abuela Anita son las protagonistas de “Feliz cumpleaños”, aunque en esta narración aparecen otros personajes, femeninos y masculinos; en “Lazos de familia”  Catalina ocupa el lugar de protagonista del relato, aunque también otro personaje femenino, Severina, su madre, aparece en escena. “Devaneo y embriaguez de una muchacha”, “Preciosidad”, “Misterio en São Cristóvão” y “El búfalo” tienen como protagonistas a una muchacha, una jovencita y una mujer, respectivamente, pero en ninguno de los cuatro casos estos personajes son identificados con un nombre. En el cuento “Una gallina”, un padre, una madre y una hija pequeña se interrelacionan con el animal. “Comienzos de una fortuna” tiene como protagonista a un niño entrando a la adolescencia. En “La cena” la presencia de una voz masculina es apenas perceptible. En “El crimen del profesor de matemáticas” y “La mujer más pequeña del mundo” los protagonistas son hombres, aunque el animal, la mujer y la familia también aparecen.
      Este sintético recorrido por los textos de Lazos de familia, poniendo el foco de atención en los personajes, me permite anticipar que efectivamente Lispector escoge para sus narraciones, en la mayoría de los casos,  personajes femeninos y estos sujetos femeninos aparecen, o bien con un nombre propio, o bien categorizados como: mujer, muchacha, madre, hija, vieja. El hecho no es insignificante pues, en la orientación que estoy marcando, puedo coincidir con Judith Butler en que el término “mujer” puede ser aprehendido  como un sitio permanente de oposición o como un sitio de lucha angustiosa, y entendido de esta manera se puede suponer, por lo tanto que no puede haber ningún cierre de la categoría. (Butler, 2008, pág. 311).
      La paradoja “mujer” de la que hablaba más arriba en la línea de pensamiento de Teresa de Lauretis, requiere pensar en “la constitución del sujeto social depend[iente] del nexo entre lenguaje/subjetividad/conciencia” lo que equivale a decir que “lo que es personal es político, dado que lo político se convierte en personal a través de sus efectos subjetivos en la experiencia del sujeto” (Lauretis, 2000, pág. 111).

      Resulta claro, entonces, que los personajes femeninos de los textos de Lazos de familia, actúan como sujetos femeninos en los que es posible detectar cómo “algunas configuraciones culturales del género ocupan el lugar de lo “real” y refuerzan e incrementan su hegemonía a través  de esa feliz autonaturalización” (Butler, 2007, pág.97).  La categoría del género atraviesa, desde mi perspectiva, los Lazos de familia, pero al identificar los personajes femeninos como sujetos excéntricos es claro que se revela en ellos la lucha contra los aparatos ideológicos y las instituciones socio-económicas pues el modo excéntrico es precisamente una manera de concebir al sujeto independientemente o por fuera del género. Como sostiene Teresa de Lauretis,

este sujeto excéntrico permite pensar la identidad como “una autocolocación, una elección –siempre determinada por la experiencia- entre las posibles posiciones accesibles en el campo social, es decir, que pueden ser asumidas por el sujeto o involuntariamente (ideológicamente) o bajo la forma de conciencia política” ( 2000, p. 137).



La epifanía


1.2. EPIFANÍA: CLAVE DE LA ESCRITURA CLARICEANA


      Una y otra vez Clarice señala que el mismo hecho de la escritura sobreviene de un momento de “reconocimiento”, de un instante de “revelación” y así lo deja plasmado en varios textos de Para no olvidar (2007). Ese momento de revelación que  apunta una y otra vez cuando reflexiona sobre su escritura es lo que se convierte en sus ficciones en la epifanía, una nota distintiva de su escritura que en el presente trabajo es identificada como una clave para desvelar lo oculto, para descubrir la entrelínea, para identificar los ideologemas que marcarán la clave política de su escritura.
      La epifanía, cuyo significado es revelación o manifestación, se asocia con la religión y la mística y desde esa perspectiva ha sido estudiada en la obra de Lispector por críticos como Antonio Maura (1998). Olga de Sá (1979) es la crítica que, recuperando los trabajos de otros analistas de la obra de Lispector, analiza el uso de este término desde que es empleado, en la literatura, por su precursor James Joyce. De su estudio[1], la crítica brasileña concluye que la epifanía es un procedimiento narrativo que desemboca en lo que ella llama una “escritura epifánica”. Según Olga de Sá 

A epifania não é uma simples técnica e tal vez nem mesmo um processo fundamental de sua expressão, a não ser que seja entendida como integrada na sua visão do mundo. A epifania não é um motivo, mas é um tema da obra clariciana. Será um procedimento? (...) Ora o procedimento de "estranhamento", em Clarice Lispector, é a epifania. [2]
     
      ¿Y con qué tiene que ver ese procedimiento en la escritura de Clarice? Los ejemplos abundan en todos sus textos: la vida rutinaria, la cotidianeidad en la que aparecen inscriptos los  personajes, no impiden que esos mismos personajes, en un determinado momento, experimenten “algo” diferente, que no tiene que ver ni con el aislamiento del sujeto, ni con una cuestión mística. Ese algo es la “visión”, la “revelación”, que Olga de Sá considera como la  “expressão de um momento excepcional, em que se rasga para alguém a casca do cotidiano, que é rotina, mecanicismo e vazio” (Sá, 1979, pág. 134)[3]
      Otro crítico que analiza la obra de Lispector desde una perspectiva estructuralista es Affonso Romano de Sant’Anna, para quien

epifania (epiphaneia) pode ser compreendida num sentido místico-religiosos e num sentido literário. No sentido místico-religioso, epifania é o aparecimento de uma divindade e uma manifestação espiritual, e é neste sentido que a palavra surge descrevendo a aparição de Cristo aos gentis. Aplicado à literatura o termo significa o relato de uma experiencia que a principio se mostra simples e rotineira, mas que acaba por mostrar toda a força de uma inusitada revelação (Sant’Anna en Maura, 2003, págs. 364, 365).[4]

      Así, en los textos de Clarice  la epifanía está presente, articulando como punto central lo que Reinhard Huaman Mori, siguiendo a Sant`Anna[5], como bien se encarga de demostrar Olga de Sá[6], considera las principales características de las narraciones de Lazos de familia (2005), a saber:

-Presentación de personajes, quienes se ven inmersos en una realidad de costumbres y hechos repetitivos.
-Una intromisión fortuita de un hecho natural que desarticula dicha existencia cambiando el sentido de la realidad.
-Cuestionamiento del orden primero y sus relaciones con esta ruptura. Se produce el descubrimiento de la vida y de la muerte, del amor y del odio, del eros y del tanatos; (Huaman Mori, 2005).

      Todo lo cual estructura un marco organizativo en el que la experiencia epifánica inscribe en el personaje una capacidad de subversión del orden establecido: la epifanía es una apertura al conocimiento de otro orden, de otra realidad.

Todo este devenir tiene un punto central, que sin él nada puede suceder, que es la epifanía. Ahora bien, esta revelación … es activada por cualquier hecho banal o natural, y a partir de ello los personajes se encuentran inmersos en un profundo flujo de conciencia. Los momentos epifánicos son totalmente traumáticos, ya que se origina una cadena de ruptura de los valores conocidos por otros completamente desconocidos (Huaman Mori, 2005).

      La epifanía entonces pone a los personajes de Lispector en una encrucijada, pues después de la experiencia de la revelación deben decidir y optar, aunque muchas veces deciden volver al mismo punto de partida, rechazando el cambio que han vislumbrado como posibilidad. Cambio que ubicaría a los personajes en otro lugar, en el lugar de protagonistas de ese otro mundo, de esa otra vida que para Olga de Sá es la “vida salvaje”: “La epifanía es un modo de desvelar la vida salvaje que existe bajo la mansa apariencia de las cosas” (Hernández Terrazas, 2008, pág. 207).
      Ahora bien, ¿qué es lo que se conjuga en los textos de Clarice para que los personajes experimenten la epifanía? Evidentemente el suceso epifánico obliga a pensar en personajes que tienen una necesidad: revertir la situación actual, “el orden establecido”, porque estos personajes no aceptan ubicarse en “el centro” que establece lo normal, sino que son ex-centrados y si, después del momento de revelación deciden quedarse en el mismo lugar es porque se sienten incapacitados para habitar ese otro mundo, el mundo de la periferia. Sin embargo, más allá de la resolución final en este aspecto, los personajes clariceanos son sujetos excéntricos, porque a partir de la puesta en marcha del pensamiento, a partir del fluir de la conciencia, tienen precisamente conocimiento de tal situación. Existen entonces, en los textos clariceanos, unos personajes que ponen en evidencia “el inconsciente[7] como lugar de resistencia [cuya] capacidad específica de exceder los mecanismos de la determinación social puede llevar a comprender otro aspecto crucial de la capacidad de obrar” (Lauretis, 2000, pág. 122,123). Pero además estos personajes son femeninos, en la mayoría de los casos, con lo que, si es posible entender el mundo hegemónico y central como masculino y falogocéntrico, lo contrahegemónico y ex-centrado aparece entonces con voz femenina. Sobre el sujeto excéntrico me explayaré más adelante.





[1] Olga de Sá realiza, en la segunda parte, “Parte Analítica”, de su libro de 1979 A escritura de Clarice Lispector, un profundo análisis de la epifanía en Joyce, el percusor del empleo del término en literatura, siguiendo los estudios de Umberto Eco, Harry Levin y Jacques Aubert, para, después analizar el procedimiento  en la novela inaugural de Lispector: Cerca del corazón salvaje (1944). Con este minucioso estudio sobre la obra de Lispector, Olga de Sá se convierte en la fuente de consulta imposible de soslayar, a la hora de abordar críticamente los textos de Clarice, específicamente en lo referente a la “epifanía”.
[2] La epifanía no es una técnica sencilla y tal vez ni siquiera un proceso fundamental de expresión, a menos que se perciba como parte integrante de su visión del mundo. La epifanía no es un motivo, pero es un tema de la obra clariceana. Es un procedimiento? (...) Ahora, el procedimiento de "extrañamiento" en Clarice Lispector, es la epifanía. La traducción es mía

[3] Es la expresión de un momento excepcional, cuando alguien rompe la corteza de la vida cotidiana que es la rutina, el mecanismo de pleno derecho. La traducción es mía.
[4] “La epifanía puede ser comprendida en un sentido místico religioso y en un sentido literario. En el sentido místico-religioso, epifanía es la aparición de una divinidad y una manifestación espiritual, y es en este sentido que la palabra surge describiendo la aparición de Cristo a la gente. Aplicado a la literatura el término significa el relato de una experiencia que al principio se muestra simple y rutinaria, pero que termina por mostrar toda la fuerza de una inusitada revelación”. La traducción es mía.
[5] En este caso sigo a Huaman Mori para evitar el texto en portugués de Sant` Anna.
[6] Es importante tener en cuenta que,  quien le dio valor heurístico al concepto de epifanía en relación con la obra de Clarice Lispector fue Olga de Sá en su clásico libro La escritura de Clarice Lispector. Ahora bien, ella no lo inventó. Hay un trabajo previo de Affonso Romano de Sant'Anna que lo menciona (Análise estrutural de romances brasileiros) entendiéndolo como una técnica de inspiración joyceana. Pero el autor de la propuesta es Benedito Nunes que -en un ensayo de 1973 denominado «Clarice Lispector»- la hace constar en un párrafo al nombrarla: "Tais são os principais significantes dispersos que convergem, remontando ao significado fugidio de uma epifania..." (123). Es claro que la recurrencia a Joyce proviene de la propia Clarice Lispector que inicia su novela Perto do coração selvagem con un epígrafe del autor aun cuando ella misma ignore la palabra. Lo que hay que rescatar -básicamente- del texto de Olga de Sá y que lo torna imprescindible en las lecturas críticas sobre la autora brasileña, es la fuerza que le otorga al pensarla como clave de lectura ya que su aplicación permite entender su ficción como "metáfora epistemológica” (Eco) del texto de existir. Koleff, M. en http://maiquel-morangosmofados.blogspot.com/search?updated-max=2010-09-14T09%3A51%3A00-07%3A00&max-results=7
[7] El término “inconsciente” es utilizado aquí en su acepción psicoanalítica. En el ensayo “Sujetos excéntricos”, en Diferencias, Teresa de Lauretis desarrolla las relaciones entre marxismo, psicoanálisis y feminismo, a partir del análisis de las propuestas de varias autoras de la teoría feminista, para arribar a su teoría de los sujetos excéntricos.

Clarice

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por Stegun