Un recorrido por textos y calles nos conduce, necesariamente, a reinventarnos, a re-escribirnos, a pertenecer al conjunto y redefinirnos, accionando entre los unos y los otros.







jueves, 7 de octubre de 2010

La pregunta ética II Judith Butler

La perspectiva de la primera persona adoptada por la pregunta ética, así como la apelación directa a un "tú", quedan desorientadas debido a la dependencia fundamental de la esfera ética respecto de lo social. Sea o no singular, el otro es reconocido y confiere reconocimiento a través de un conjunto de normas que rigen la reconocibilidad. Así, mientras el otro puede ser, si no radicalmente personal, las normas son hasta cierto punto impersonales e indiferentes, e introducen una desorientación de la perspectiva del sujeto en medio del reconocimiento en cuanto encuentro (...) En cierto sentido, me someto a una norma de reconocimiento cuando te ofrezco mi reconocimiento, lo cual significa que el "yo" no lo ofrece a partir de sus recursos privados. En rigor, parece que el "yo" queda sujeto a la norma en el momento de hacer ese ofrecimiento, de modo que se convierte en un instrumento de la agencia de esa norma. Por eso, el "yo" parece invariablemente usado por la norma en la medida en que trata de usarla. Aunque yo creía tener una relación "contigo", resulta que estoy atrapada en una lucha con las normas. Pero, ¿podría ser también cierto que no estaría enredada en esa lucha si no fuera por un deseo de otorgarte reconocimiento? Cómo entendemos ese deseo?

Judith Butler (2009). Dar cuenta de sí mismo. Violencia ética y responsabilidad. Buenos Aires: Amorrortu.

La pregunta ética. Judith Butler

Al plantear la pregunta ética "¿Cómo debería yo tratar a otro?", quedo atrapada de inmediato en un reino de normatividad social, dado que el otro sólo se me aparece, sólo funciona como otro para mí, si existe un marco dentro del cual puedo verlo y aprehenderlo en su separatividad y en su exterioridad. Por tanto, aunque pueda estimar que la relación ética es diádica e incluso presocial, quedo encerrada no sólo en la esfera de la normatividad, sino en la problemática del poder, cuando planteo la pregunta ética en su llaneza y en su simplicidad: "¿Cómo debería tratarte?". Si el "yo" y el "tú" deben surgir primero, y si es necesario un marco normativo para ese surgimiento y ese encuentro, las normas actúan no sólo para dirigir mi conducta, sino para condicionar la posible aparición de un encuentro entre el otro y yo.

Judith Butler. (2009) Dar cuenta de sí mismo. Violencia ética y responsabilidad. Buenos Aires: Amorrortu.

(A)CRÓNICA II: ¿POS-EPIFANÍA? EL GRITO

Pero es posible que se cierren las ventanas y las puertas y sobre un escenario oscuro aparezca el grito, no la imagen tan distorsionada y convulsionada, sino el grito, procediendo desde una entraña sin tejido que la contenga: las tripas desparramadas sobre las tablas carcomidas por el tiempo sin tiempo.
El grito; mi grito. Esa extraña y paradojal manera de decir sin decir nada.
Cuando la luz y el aire entren, ¿habrá censura? ¿O acaso el eco seguirá repitiendo tanto sinsentido?

(A)CRÓNICA I: ¿POS-EPIFANÍA? LA PREGUNTA DE MI OTRO YO

Claro, siempre es una sensación de vacío, de incapacidad para llenar eso que no se sabe qué es, pero que está ahí, o allí, o más acá, o más allá; quién podría saberlo? Cierto, a la revelación siguió otro estado y sin embargo la incapidad presente, de actuar? de pensar? de ver y mirar? No sé -ésa es la única verdad- qué es lo que sobreviene, tampoco si eso es mío, de mi yo o del otro, del otro que está ahí, o allá, o más acá o más allá. Dudas, contradicciones, temores, preguntas, muchas preguntas, algunas imposibles de socializar. Ah, por supuesto, siempre hay que socializar, de eso se trata. No sé -ésa es la única verdad- a veces es preferible callar, el otro puede tener más dudas que yo. ¿Que yo? ¿Qué yo?
Cierto, más que vacío es un dolor, incomprensible, incompleto, pequeño, egoísta, un dolor que se pregunta y que pregunta y que nunca obtiene respuesta. ¿Mi dolor? No sé -ésa es la única verdad-, tal vez mío, tal vez el dolor de mi otro yo, tal vez...

(Pasaron Clarice y Caio; inevitablemente la sangre y el hueco, la presión en el pecho, la pregunta sin respuesta)

Clarice

Clarice
por Stegun