Claro, siempre es una sensación de vacío, de incapacidad para llenar eso que no se sabe qué es, pero que está ahí, o allí, o más acá, o más allá; quién podría saberlo? Cierto, a la revelación siguió otro estado y sin embargo la incapidad presente, de actuar? de pensar? de ver y mirar? No sé -ésa es la única verdad- qué es lo que sobreviene, tampoco si eso es mío, de mi yo o del otro, del otro que está ahí, o allá, o más acá o más allá. Dudas, contradicciones, temores, preguntas, muchas preguntas, algunas imposibles de socializar. Ah, por supuesto, siempre hay que socializar, de eso se trata. No sé -ésa es la única verdad- a veces es preferible callar, el otro puede tener más dudas que yo. ¿Que yo? ¿Qué yo?
Cierto, más que vacío es un dolor, incomprensible, incompleto, pequeño, egoísta, un dolor que se pregunta y que pregunta y que nunca obtiene respuesta. ¿Mi dolor? No sé -ésa es la única verdad-, tal vez mío, tal vez el dolor de mi otro yo, tal vez...
(Pasaron Clarice y Caio; inevitablemente la sangre y el hueco, la presión en el pecho, la pregunta sin respuesta)
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