Pero es posible que se cierren las ventanas y las puertas y sobre un escenario oscuro aparezca el grito, no la imagen tan distorsionada y convulsionada, sino el grito, procediendo desde una entraña sin tejido que la contenga: las tripas desparramadas sobre las tablas carcomidas por el tiempo sin tiempo.
El grito; mi grito. Esa extraña y paradojal manera de decir sin decir nada.
Cuando la luz y el aire entren, ¿habrá censura? ¿O acaso el eco seguirá repitiendo tanto sinsentido?
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